Cuatro cosas. Con estas cuatro, lo que imprimamos se parecerá a lo que ves en tu pantalla. Y si no tienes archivo, no hace falta que leas nada de esto: puedes encargar y mandárnoslo después, o pedirnos que te lo hagamos nosotros.
En cada producto, dentro de Cómo preparar tu archivo, hay un botón para descargar una plantilla. Es un PDF del tamaño exacto de lo que has elegido, con las guías ya dibujadas. Si diseñas encima de ella, las tres cosas que vienen a continuación te salen bien sin pensarlas.
Acuérdate de borrar las guías antes de mandárnoslo.
Tu pedido se imprime en pliegos grandes que luego se cortan en pila. La cuchilla no cae exactamente en el mismo sitio en todos, se mueve un pelo. Si tu color termina justo en el borde, en algunos ejemplares aparecerá una rayita blanca.
La solución es estirar el fondo 3 mm más allá del corte por cada lado. Se corta por donde tiene que cortarse y el sobrante se tira. En imprenta a eso se le llama sangrado, por si lo ves escrito en otro sitio.
Por el mismo motivo, al revés: deja 5 mm libres por dentro. Ahí no pongas tu teléfono, tu logo ni un texto que no puedas permitirte perder, porque es la zona que el corte puede comerse.
El PDF es el único formato que llega a la imprenta como lo hiciste: no se descoloca la tipografía ni se mueven las imágenes.
Y una advertencia que evita el disgusto más común: tu pantalla hace los colores con luz y una imprenta los hace con tinta. Los verdes y azules muy eléctricos que brillan en el monitor no existen en tinta, y salen algo más apagados. Si tu programa te deja elegir, trabaja en CMYK en lugar de RGB y verás desde el principio los colores que van a salir de verdad.
Si las fotos se ven bien en pantalla pero pixeladas al ampliarlas, en papel se verán peor todavía: busca el original más grande que tengas.
¿Te has perdido en algún punto?
Escríbenos y lo revisamos por ti antes de imprimir. Es mejor preguntar que tirar una tirada entera.
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